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El Premio Nobel de Literatura 2008 tiene un pasado mexicano. El francés Jean-Marie Gustave Le Clézio (Niza, 1940) llegó muy joven a la ciudad de México, con apenas 18 años, para cumplir con su servicio militar como civil en la embajada de su país.
Sin embargo, ese trámite obligatorio se convirtió en un descubrimiento que lo marcaría tanto en su vida personal, como en su trabajo intelectual y literario.
Le Clézio fue galardonado ayer por la Academia Sueca con el Premio Nobel de Literatura 2008, por ser un “autor de partidas nuevas, aventura poética y éxtasis sensual, explorador de una humanidad que está por encima y por debajo de la civilización actual”.
El autor se convierte en el décimo cuarto escritor de nacionalidad francesa en ganar el reconocimiento.
El historiador Jean Meyer, amigo personal de Le Clézio, a quien conoció entre 1967 y 1968, cuando ambos eran profesores de literatura en el Instituto Francés de América Latina (IFAL), recuerda que el ahora Premio Nobel también colaboraba en la biblioteca haciendo catalogación del acervo.
Su encuentro con México fue un flechazo. En 1979, ya como académico y escritor, regresó, invitado por el historiador mexicano Luis González (1925-2003), quien había fundado El Colegio de Michoacán. Desde entonces y hasta mediados de los 80, Le Clézio compartía sus estancias entre Zamora, Michoacán, y Niza, su ciudad natal.
De acuerdo con Meyer, tanto Luis González como su esposa, la escritora sonorense Armida de la Vara (1926-1998), se convirtieron en los padres o hermanos mayores del autor de La Conquista Divina de Michoacán, obra que junto con El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido, fueron traducidos y publicados por el Fondo de Cultura Económica.
Su amor por las culturas indígenas de México, incluso lo llevaron a estudiar maya, en un pueblo de Yucatán.
Ayer, el autor en una rueda de prensa celebrada en la sede de la editorial Gallimard en París, habló de su simpatía por México:
“He vivido 12 años en México y ahora vivo en Nuevo México. Siempre me ha gustado mucho la cultura hispanoamericana y especialmente las culturas de los indígenas de México y de Nuevo México”.
Le Clézio, de 68 años, reside desde hace mucho tiempo, junto con su esposa y sus hijas, en Albuquerque, pero pasa temporadas en el sur de Francia.
“En Nuevo México la mitad de la gente habla español y la cultura latinoamericana tiene mucho pegue allí”, dijo el escritor.
Viajero incansable, Le Clézio también ha encontrado un estímulo intelectual en las culturas de Oriente, como Japón, en donde sus libros han sido traducidos, y Corea, un país que hoy por hoy es el centro de su atención, especialmente por el cine.
De hecho, la noticia de su premio le sorprendió en la capital francesa, en una escala entre Corea del Sur y Canadá.
Su obra se compone de 30 libros marcados por su gusto viajero, su sensibilidad ecologista y su amor por la cultura amerindia. Ocho de sus textos están relacionados con México
Para Le Clézio, “escribir no es sólo estar sentado en tu mesa contigo mismo, es escuchar el ruido del mundo. Cuando estás en la posición del escritor se percibe mejor el ruido del mundo, vas a su encuentro”.
Considerado como uno de los novelistas franceses más celebrados y leídos en su país, aunque también incómodo en la vida cultural parisiense y ajeno a las modas literarias, Le Clézio ha llevado una existencia nómada entre Asia y América.
La noticia del Premio Nobel lo sorprendió en medio de la lectura. “Estaba leyendo cuando me lo han dicho, no me lo esperaba. Pero es una suerte, porque todo premio literario te da tiempo y supone un apoyo”, aseguró Le Clézio.
El autor invitó a fomentar la lectura de novelas como antídoto a los problemas que atraviesa el mundo. “Leer novelas es una buena forma de interrogar al mundo actual sin que el resultado sean respuestas demasiado esquemáticas. El novelista no es un filósofo, no es un técnico de la lengua, es alguien que hace preguntas y si hay un mensaje que quiero enviar es que hay que hacerse preguntas”, señaló el autor de Désert y Le proces verbal.
Le Clézio dijo sentirse francés, pero precisó que su patria está en Islas Mauricio, la ex colonia gala de donde procede su familia.