Para los profesionales de la pedagogía educar es una tarea sencilla y a la vez muy compleja en la que debe mezclarse amor, comprensión, comunicación, motivación, aceptación, respeto a la individualidad, el aprender de los propios hijos, el hacer planteamientos nuevos cada día, observar y transformar las emociones y los pensamientos; así lo piensa Marta Molas, maestra y licenciada en Pedagogía, autora del libro Madres creativas, hijos felices.La autora de esta publicación recomienda que ya desde el vientre de la madre se empiece a crear un ambiente saludable y acogedor, “y de ello depende mucho la influencia del padre sobre el estado de ánimo y la vida afectiva de la gestante”.
Pero, ¿quién es una madre creativa? según Marta Molas es fácil de reconocer: “Ella hará que la casa esté viva, convertirá las comidas en un momento especial para conversar, celebrará los aniversarios y las fiestas; utilizará formas de pensamiento positivo como: ‘seguro que puedes’ o ‘inténtalo otra vez’”, además de un largo etcétera.
Lo fundamental para un niño es que quienes le rodean tengan recursos suficientes para darle la vuelta a una situación poco estimulante y convertirla en motivo de risa o aprendizaje. Los abrazos, los cuentos, los estímulos positivos, el diálogo abierto y el consuelo y el perdón pueden hacer milagros.
Voces milagrosas
Según la autora, para conseguir niños despiertos y motivados hay que trabajar con ellos desde muy pequeños, dedicándoles tiempo y sobre todo brindándoles calidad afectiva y experimental “sin caer en actitudes protectoras, sensibleras o sentimentales”.
A veces, un detalle tan sencillo como la voz y el tono que utilizamos para dirigirnos a los más pequeños tiene una incidencia sorprendente en su comportamiento. Demasiado enérgico, crea ansiedad; demasiado exigente, crispa; demasiado duro, alerta; demasiado meloso, duerme; demasiado complaciente, atonta; demasiado protector, anula; demasiado titubeante, crea inseguridad; demasiado blando, induce a la tiranía.
La voz es un reflejo de nuestra actitud interior hacia el niño, que no tarda en descubrir nuestras flaquezas y la forma con la que lograr salirse con la suya.
Enseñar jugando
Desde que son bebés, los niños necesitan la proximidad de sus padres, jugar cada día con ellos estimula sus emociones y su relación con el entorno. Basta con utilizar cualquier elemento visual, táctil o sonoro para estimular al pequeño, integrándolo poco a poco en el mundo que lo rodea y gratificando sus progresos con más estímulos que generarán motivación, deseos de aprender y un desarrollo sicológico óptimos.
El entusiasmo por aprender es fundamental, y tampoco hay que olvidar que cada uno tiene su ritmo, hay que tener paciencia y respeto para dejar que el desarrollo se produzca satisfactoriamente. Debe haber un equilibrio entre exigir demasiado y ser exageradamente complaciente.
La noche debe de considerarse como un momento de reflexión de la jornada, un buen momento para mirar las cosas con otra perspectiva: lo que les haya podido afectar negativamente debe servirles para aprender. Las actitudes de frustración, agresividad o venganza hacia compañeros, profesores o hermanos deben suavizarse antes de acostarse.
“Si en algo debe ampararse la creatividad es en convertir una actividad aburrida en una fuente de aprendizaje o diversión”, afirma Marta Molas. Según la pedagoga se necesita un poco de teatro y olvidarse del sentido del ridículo y desterrar la queja y el reproche.
Por ejemplo, si un niño no tiene éxito en la escuela es recomendable buscar alguna actividad extraescolar en la que sí lo tenga para reforzar su autoestima y que no se sienta un fracasado. Es recomendable que los padres tengan una actitud abierta hacia el entorno sin una excesiva protección al niño.
A pesar de las sugerencias que plantea su libro, Marta Molas reconoce que “no existen fórmulas mágicas. Hay que probarlo todo. Las equivocaciones deben ser un punto de partida para volver a intentarlo. Pero siempre hay que poner una buena dosis de creatividad, imaginación y sentido del humor”.