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MIENTRAS la sociedad mexicana aguarda la decisión de los candidatos a la Presidencia de la República, acerca de su asistencia a los debates que sus representantes pactan con el IFE y la CIRT; mientras el candidato de la Alianza por el Bien de Todos, López Obrador, señala que sólo participará en uno de ellos porque "ya ganó", mostrando su arrogancia, autoritarismo e irresponsabilidad al equiparar el resultado de las encuestas con el de las elecciones del próximo 2 de julio; mientras exige "un debate a la medida", pues no se destaca por su capacidad de contrastar ideas sino de arengar y descalificar; Roberto Madrazo, candidato de la Alianza por México, continúa su esfuerzo de presentar al electorado su programa de gobierno. Lo hizo brillantemente el pasado lunes 27 al referirse a la que será su política exterior. Una comparación con la propuesta de sus principales contendientes habla por sí misma. En un infortunado discurso con motivo del bicentenario del natalicio de Benito Juárez, López Obrador hizo pública su oferta en materia internacional. Después de atribuirse como credo personal los principios constitucionales que rigen la política exterior, plantea cinco características con las que los aplicará. Además del lugar común de que la política exterior es la otra cara de la política interna, destaca que optará por ejercerla con mesura, preferentemente en el ámbito de los organismos internacionales, complementándola con relaciones amistosas con todos los pueblos del mundo, usando para ello la diplomacia. Se trata de una propuesta insípida, cuya única "innovación" es la recomendación de que si Estados Unidos no quiere inmigrantes mexicanos, invierta en nuestro desarrollo nacional. La propuesta del panista Felipe Calderón Hinojosa no es mucho mejor. En el capítulo cinco de su libro El reto de México, al referirse al tema de la política exterior, pone en evidencia la cortedad y falta de imaginación, características de la oferta política del candidato de la derecha mexicana. En apenas unos cuantos párrafos dice lo elemental: la política exterior debe servir al desarrollo de México. Sin embargo, fue la incapacidad de la actual administración de comprender esta obviedad, la que puso en entredicho la certidumbre y el brillo de nuestro quehacer internacional. Si la meta de Calderón es convencer al mundo de que México es un destino seguro para invertir, tendrá primero que aceptar y remontar la actual pérdida de dinamismo del crecimiento económico, la caída de su competitividad, su pérdida de transparencia, la enorme inseguridad física con la que diariamente tenemos que convivir los mexicanos, y muchos males foxistas más. Su referencia al concepto de desarrollo humano y el establecimiento de su aspiración de alcanzarlo no son suficientes para justificar su falta de propuestas concretas. Roberto Madrazo plantea en su discurso una serie de ideas novedosas. No sólo se trata de reposicionar los principios rectores de nuestra política exterior sino de compatibilizar principios e intereses buscando consensos, trabajando con el Poder Legislativo, cumpliendo compromisos internacionales, y dotando de nueva cuenta a la política exterior de rumbo y firmeza. Recomienda recurrir a la red de tratados comerciales que México ha firmado, y propone una coordinación intersecretarial con el propósito de asegurar su aprovechamiento exitoso. Sin dejar de reconocer los méritos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, sugiere llevarlo más lejos, creando un fondo de inversión para infraestructura y capital humano en Norteamérica, a fin de vincular las zonas menos desarrolladas de México con los mercados del norte. Se plantea igualmente la obligada regulación del mercado laboral, pues tanto Canadá como Estados Unidos demandan mano de obra extranjera que puede ser mexicana, pero reconoce que independientemente de los acuerdos migratorios a los que se puede llegar con ambos países, la principal responsabilidad recae sobre el gobierno mexicano, que debe propiciar las condiciones necesarias para generar empleos bien remunerados para que los mexicanos puedan decidir quedarse en su patria. Propone la creación del Fondo Nacional del Migrante y de una subsecretaría dentro de la Cancillería que se encargue únicamente de atender a los mexicanos que viven fuera del país. Sugiere extender la red consular y ampliar el número de representaciones diplomáticas de México en los próximos seis años a fin de tener mayor presencia internacional. Frente a Europa, consciente de que el 1 de julio de 2010 se cumplirán 10 años del Acuerdo Global con la Unión Europea, plantea una evaluación exacta y responsable de su aporte comercial, financiero y de cooperación. Justamente vinculado a este último tema, Madrazo hace una interesante propuesta: relanzar la cooperación internacional, un capítulo brillante de la política exterior de México, lamentablemente ignorado por la actual administración. Para ello, afirma, será necesario reconstituir el Instituto Mexicano de Cooperación Internacional y dotar a la Cancillería de un marco normativo y recursos suficientes que le permitan garantizar la continuidad y efectividad de nuestra política de cooperación internacional. Finalmente, Madrazo propone volver a hacer de la cultura un instrumento eficaz de nuestra política exterior. Durante largos años, cuando para México era difícil penetrar en una región por la vía del comercio, la inversión o incluso la política, hacerlo por la ruta cultural siempre funcionó. El pueblo de México posee una cultura vigorosa que le ha permitido proyectarse a nivel mundial y que en una realidad internacional globalizada como la actual, es garantía de afirmación de su identidad nacional. De ahí la disposición de Roberto Madrazo a que el México que él presida no sólo acuda sino fomente el diálogo entre civilizaciones que encabezan España y Turquía, y que, entre otras cosas, busca eliminar concepciones tremendistas de un choque entre civilizaciones que vendría a negar el que tendría que ser el signo de este siglo: garantizar armonía, convivencia y paz. Secretaria general del CEN-PRI
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