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"La literatura no evade la realidad, la asume": Evelio Rosero
Yanet Aguilar Sosa
El Universal

Martes 15 de mayo de 2007

Tras escribir para niños, Evelio Rosero retrata en su nuevo libro la violencia en Colombia, tema que aunque no ha padecido, sí le afecta

Cuando Evelio Rosero abrió los ojos al mundo, en 1958, Colombia ya estaba inmersa en un conflicto del que no ha salido, eso lo hace ir a la par de la historia de su país.

Es por formación periodista y por pasión escritor, está consciente de que el diarismo le ha brindado disciplina y rigor a su trabajo literario.

Rosero es un narrador solitario por convicción, más aún cuando se entusiasma por una historia que lo seduce; sucede lo contrario cuando esa frase o primer texto no lo atrapa, sin concesión va a parar a un cesto de basura que acaba en cenizas.

Poco sonríe, es de inteligencia callada. Escucha atento, no parpadea siquiera, se mantiene serio y sin embargo es un buen conversador, sus comentarios son siempre generosos y abundantes. Nunca ha vivido la violencia en carne propia, pero sentía el compromiso de abordar el tema de la agresión, el secuestro y los desplazados en su literatura. Así nacieron En el lejero y Los ejércitos, esta última obtuvo el Premio Tusquets Editores de Novela.

"Empecé a leer muy pequeño, era un niño muy solitario y seguramente por eso los libros se convirtieron en mis mejores amigos; en ese entonces tuve esa especie de ramalazo, de luz y alegría de saber que yo también quería escribir libros. Desde los ocho o nueve años sabía que era potencialmente un escritor, escribía poemas y los publicaba en el colegio, también me di cuenta que no era poeta sino escritor, admiro a los poetas que dicen en cuatro versos lo que yo necesito decir en 400 páginas. Soy narrador, cuentista y novelista.

-¿Escritor por convicción y de tiempo completo?

-Como en todo escritor, nació primero mi pasión por la lectura, el amor por los libros me despertó el deseo de escribir, tuve la fortuna de tener una biblioteca en casa; mi padre era muy buen lector y a partir de la lectura de Verne, Stephen Zweig, Stevenson y una enciclopedia de la fábula, llegué a este tesoro que es la literatura.

Después me apasionaron los autores rusos del siglo XIX, que son los que más admiro y releo porque siempre encuentro cosas, Tolstoi, Dostoievski, Turgeniev, Gogol, Chéjov; esos escritores son mis antecedentes literarios, sin descreer por supuesto a los latinoamericanos: Juan Rulfo, Jorge Luis Borges, Felisberto Hernández y Juan Carlos Onetti, autores determinantes.

-¿Los libros son su única pasión?

-Yo soy periodista, hice periodismo recién salido de la universidad. Cuando me fui a España viajé como corresponsal de una revista, cuando las cosas estaban económicamente muy mal hacía crónicas, trabajaba reportajes de free lance; la mayor parte de mi vida he escrito contra viento y marea, esa ha sido mi manera de entregarme a los demás, de comunicarme con el mundo.

-¿Leer le permitía entrar a otros mundos y evadirse del real?

-Nunca he pensado que la literatura sea una evasión de la realidad, por más que uno hable de un sueño o de un gato hablando en un cuento de niños que no tienen ataduras de ninguna índole, de una u otra manera está respondiendo a la realidad que vive. La literatura es una manera de mostrar lo que está pasando, no es una evasión, es una manera de asumir la realidad.

-¿Quién es hoy Evelio Rosero?

-Soy un hombre que espera. Tengo mis amigos, con los que me reúno de vez en cuando, me gusta andar en bicicleta, soy un enamorado de mi ciudad, Bogotá, aunque mi ascendencia es nariñense, mi padre era de Pasto, que está en límites con Ecuador, entonces participo de esa cultura más inca que chipcha.

En Pasto se habla todavía con quichuismos, voy mucho a Pasto porque ahí está la familia de mis padres, esas estancias han enriquecido mi mirada de escritor; es curioso, en Pasto dicen que soy bogotano y en Bogotá que soy pastuso.

-¿Es cierto que la soledad es su mejor compañera?

-No, tengo varios amigos, poetas excelentes, pero cuando escribo soy un solitario, me alejo de la vida porque la obra lo exige, es un trabajo solitario y sin embargo siento que a través de las palabras de mis historias estoy entregándome a alguien y comunicándome. Me enriquece la realidad de los demás; por eso luego del encierro salgo con mi familia y mis amigos, leo no sólo literatura sino ensayo e historia, que reafirman mi mirada de escritor, no vivo cautivo en mi torre de cristal.

-¿Alguna otra pasión se compara con la lectura?

-Me gusta oír música, tocar la guitarra, aunque soy un aficionado, me gusta escuchar a mis hermanos que tocan la guitarra, la kena, la bizaina, la música en general me alimenta; los boleros, la música clásica, todas las manifestaciones del arte son alimento para un escritor.

-¿Escribir para niños es igual que hacerlo para adultos?

-Cambia la manera de contarlo; yo no me siento a la mesa diciendo voy a escribir un cuento para niños, sencillamente siento el deseo de escribir y sale un cuento para infantes con un lenguaje transparente.

Ese tipo de literatura significa liberarse de muchas cadenas ideológicas. Además, el público infantil me ha enriquecido mucho, son espontáneos y sinceros.

-¿Qué le dio el periodismo a su obra literaria?

-Comparto lo que decían grandes escritores que hicieron periodismo, como Hemingway y García Márquez, que esta actividad es necesaria y ayuda al escritor a adquirir disciplina, también le entrega esa capacidad para asumir el rigor literario, en el caso mío, el de la novela, que demanda mucho tiempo de trabajo e investigación, porque no es sólo sentarse a escribir, sino a investigar.



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