Ahora que las culturas, ya no sólo los países, son invitados para las ferias de libros lo fue Quebec en la FIL 2003, así como lo acaba de ser el mundo árabe en la feria de Francfort, la catalana ha traído a Guadalajara una fuerte tradición editorial que refrenda el tiempo: la editorial más antigua del mundo es de Cataluña. De la venta de libros en toda España, 58 por ciento es de editoriales catalanas; 57 por ciento de exportaciones españolas de libros a América Latina procede de editoriales de esa comunidad, mientras que 55 por ciento de exportaciones de libros de editoriales catalanas tiene a México como destino. Sonia Sierra/Enviada GUADALAJARA, Jal. La editorial más antigua del mundo es la Publicacions de l`Abadia de Montserrat. Aunque es probable que antes hubieran nacido otras "empresas" de este tipo, sólo Montserrat se ha mantenido durante cinco siglos, exactamente 505 años.
Fue Cataluña el primer lugar de España a donde llegaron las imprentas; entonces, un grupo de alemanes que huía de su país llegó a la zona montañosa y de inmediato se acercó a la comunidad de monjes benedictinos que finales del siglo XV, producía textos a mano, considerados hoy incunables.
La llegada de la imprenta marcó un cambio de rutina en el monasterio: las máquinas le dieron a los religiosos una facilidad que, en todo caso, se aleja de la situación contemporánea. "Trabajaban con la imprenta pero debían montar letra por letra", cuenta Jordi Úbeda, actual gerente de la editorial.
"Era un trabajo tipográfico, se hacían las letras, se ponía la tinta y se pasaba el rodillo. Se imprimía de uno a uno. Eran impresores al tiempo que editores." Lo primero que se imprimió fueron cuatro hojas. Todos los textos eran religiosos, por razones obvias. Un ejemplo de entonces es el Libro rojo de Montserrat, hecho a mano con ilustraciones en colores.
A comienzos del siglo XX la editorial se abrió a otros temas, básicamente la música, donde ha sido pionera en la producción de manuales educativos.
Pero en el siglo XX su papel no sólo fue de difusión sino que tuvo un gran protagonismo en tiempos de la dictadura franquista, cuando Publicacions de l`Abadia de Montserrat por depender de un centro religioso era la única en editar libros en catalán, lengua prohidiba durante 40 años por el dictador Francisco Franco.
En esos tiempos nació la revista Serra d?or (Sierra de Oro) que aún continúa, y que sin ser clandestina sí era única en medio de la guerra.
Úbeda cuenta que el propio monasterio fue cercado en una ocasión por el ejército que buscaba a varios intelectuales ahí refugiados; varios días permanecieron encerrados, pero el grupo se dividió y mientras los más "peligrosos" se mantuvieron escondidos, otra parte del grupo se entregó. A pesar de esto, las publicaciones no desaparecieron.
A comienzos de los años 60, la editorial se trasladó a Barcelona, aunque su consejo de redacción se mantiene aún en el monasterio. Publicar en una lengua diferente al catalán no es su objetivo: "Como es una editorial que lo único que necesita es no perder dinero, lo que hace son libros necesarios a la comunidad catalana: para niños y jóvenes, científicos, musicales, turísticos, de lengua y poesía, revistas religiosas (15 por ciento de sus libros es sobre religión). Lo único que no editamos es novela".
La editorial es una institución que acaba de celebrar cinco siglos de historia, que saca al año alrededor de 120 libros.
Tras la dictadura, la edición en catalán que en los años 70 logró producir por año 300 o 400 títulos, ha llegado a sumar más de 8 mil en esa lengua.
Acantilado, libros sin ?marketing?
Cuando los editores independietes parecían no tener futuro, Jaume Vallcorba creó Acantilado, una editorial que no cuenta con departamento de marketing, que persigue editar "obras importantes, minoritarias y que son parte del patrimonio humano". Una apuesta por nombres del pasado o desconocidos o por autores nuevos, casi nunca protegidos por la aureola de la moda.
Contra todas las apuestas, y en tan sólo cinco años, Acantilado ha formado un catálogo de respeto en el sector (León Tolstoi, Michel Tournier, Stefan Zweig, Fernando Pessoa, G.K. Chesterton, Vittorio Gassman), con el cual ha logrado ventas importantes y posicionado su nombre.
Vallcorba, quien estuvo antes en Quaderns Crema, cuenta de sus inicios con Acantilado: "Me doy cuenta de que hay un montón de obras importantes en la historia del ser humano que son minoritarias, pero que son importantes, y que en una lengua como la española se hacían posibles de editar en cantidades como mil 500, 2 mil ejemplares, lo cual justifica una edición".
Da como ejemplo, la edición española completa de las Memorias de ultratumba, de Chateaubriand "un libro difícil, extraordinario, con clarividencia, que nos habla de aspectos muy importantes de nuestro presente como las trampas de los sistemas democráticos contemporáneos.
"En la tradición europea algunos autores fueron dejados de lado por cuestiones quizas de moda o tendencias, valía la pena darlos a conocer al público en lengua española". Se trata, por ejemplo, de Imre Kertesz (entonces no era Nobel), o Adam Bodor y Aleksandar Tisma.
El propósito es ser una plataforma para nuevos autores: aunque son pocos en América Latina el mexicano Mauricio Montiel es uno de ellos y entre los europeos está Attila Bartis.
En el estilo de Acantilado hay otra premisa: los libros deben ser traducidos de su lengua original, no a través de lenguas intermedias. En Acantilado no existe un departamento de marketing porque "normalmente el directivo de marketing está buscando lo que la gente quiere. La práctica editorial de Acantilado va por otro camino: ofrecemos unos libros que la gente quizas no conoce, esperando que pueda llegar".
Para Vallcorba, quien antes que editor es lector, "hoy en día en Europa y en México hay una generación de editores que parecía que eran especies en extinción. Aparecen nuevas editoriales que funcionan con esa idea de que lo importante es la producción de un catálogo.
La actitud del editor parte, entonces, de escucharse como lector y tomar decisiones casi siempre osadas, que no son azarosas, pero que tampoco responden a las de un cazador, término que ya se ha vuelto familiar en el mundo editorial.
La celebración de los cinco años de Acantilado se llevó a cabo ayer (lunes) en el marco de la FIL.