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El estrés, las groserías y el cansancio, son actitudes con las que a diario deben lidiar los automovilistas que circulan por las calles de la capital.
Ya sea por las marchas, las obras viales, algún accidente o simplemente porque donde quiera hay mucho tráfico, cientos de ellos padecen los estragos que trae la larga espera y la lenta marcha.
El ruido y el calor acrecientan su desesperación frente a la larga fila de motores que de plano no se mueve.
“Llego muy estresado al trabajo. Yo creo que todos tenemos el problema del estrés por el tráfico”, dijo Daniel Benítez mientras aguardaba el cambio en el semáforo.
Para Felipe Tovar, un taxista, los viernes el tránsito es más pesado. Esta situación repercute en su salud, pues al final de su jornada laboral se siente muy cansado, sin ganas de hacer nada.
“Vea cómo estamos sufriendo. Yo ya he asimilado el estrés, pero la mayoría de las personas anda como fiera”, se quejó Arturo Michel, un automovilista que circulaba sobre la avenida Bucareli, hacia la Secretaría de Gobernación.