Al salir de vacaciones, a veces disfrutamos tanto un lugar que lo
que menos queremos es ir a dormir. Así vemos el malecón, la montaña o
alguna calle al amanecer, al caer el sol e incluso al salir del antro.
Cada hora tiene su gracia
Para un fotógrafo levantarse temprano da buenos resultados, y en
ocasiones podemos encontrar un rincón, un monumento o algún punto de
referencia que cobra distinto sabor a medida que avanza el reloj.
La famosa Champs Élysées tiene un gran encanto en el día, con el
movimiento de gente y las brasseries donde el deporte favorito de los
parisinos es ver y ser vistos.
Pero esa avenida francesa tiene otro sabor muy distinto por la noche,
especialmente en diciembre, con la iluminación artificial.
Lo mismo sucede con las montañas, los ríos los parques o las plazas centrales de muchas ciudades.
Sólo es cuestión de observar.
Toma un punto de referencia donde puedas colocar la cámara siempre en
la misma posición y logres siempre el mismo encuadre . Lo óptimo es un
tripié, pero en caso necesario una maceta en el balcón de tu cuarto de
hotel, o un árbol te puede ayudar.
Tras haber encontrado el encuadre que te gusta, toma una foto por la
mañana, otra a mediodía, quizá una más cuando apenas empieza a caer el
sol, y la última de esa serie con la iluminación artificial del lugar.
Te sorprenderá no sólo la diferencia de la luz, sino la cantidad y
actividad de las personas, o cuantos autos y vendedores pueden estar a
distintas horas.
Quizá la luna juegue como un elemento importante.
Debes compensar la luz de cada situación ajustando el diafragma y el
tiempo de obturador, aunque si no deseas complicarte la vida, muchas
cámaras, incluso las más sencillas hacen esto de manera automática.
Claro que como fotógrafos, preferimos tener el control de la situación
y jugar con los parámetros para conseguir algunos de los efectos que ya
hemos descrito en esta columna.
Por la noche, con una exposición mayor a dos segundos puedes barrer las
luces de los autos que pasan o incluso desaparecer a peatones que no se
queden quietos durante ese lapso.
Recuerda que la luz del amanecer y los últimos 30 minutos antes de que
se oculte el sol dan una luz dorada que es muy apreciada por los
fotógrafos. A mediodía la luz es cenital, dura y da pocas sombras, lo
que resulta en una imagen con menos profundidad.
El próximo año seguiremos descubriendo nuevas técnicas para fotografiar tus viajes.
Experimenta, la vida siempre da un pretexto para retratarla.