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Aventura salvaje en el Belice desconocido

Es un sitio para disfrutar del ambiente selvático y los paisajes inigualables. No hay lujos, tampoco muchas opciones en el menú, simplemente es un sitio para "perderse"
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Dwight Garner/The New York Times
El Universal

Jueves 31 de enero de 2008

"Si el mundo tuviera extremos sería entonces ciertamente este lugar uno de ellos. No está en el paso a ningún lado. No tiene ningún valor estratégico. Es cualquier cosa menos habitable", escribió Aldous Huxley en 1934, Belice, en ese entonces conocido la Honduras Británica.

Casi 75 años después, este sitio aún se siente remoto. Es un país con la misma extención territorial que el estado de Hidalgo, sus calles están en malas condiciones. La carretera tiene sólo dos carriles y en muchos lugares ni siquiera está pavimentada.

Las playas casi vírgenes de Belice se están llenando de turistas por una buena razón. El país tiene el arrecife de coral más grande del hemisferio occidental, el cual está alineado con cientos de hermosas islas y cayos. El buceo y el snorkel son de los mejores del mundo.

Pero hay un Belice diferente que nosotros -mi esposa, mis hijos y yo- nos propusimos encontrar. Uno con selvas tropicales, ruinas mayas, pequeños poblados, una vida salvaje y cuevas subterranes explorables sólo en canoa. Parques y áreas federales constituyen casi la mitad de sus 23 mil kilómetros cuadrados. Uno literalmente puede perderse el un buen y mal sentido.

Sólo unos kilómetros afuera de la ciudad de Belice, nos damos cuenta que estamos en medio de la nada, o muy cerca de ello. El paisaje rápidamente se convierte en un verde intenso, salpícado por algunas chozas y fogatas. Ni siquiera el radio logra encontrar alguna sintonía.

Ian Anderson’s Caves Branch está a unas horas en coche de la ciudad de Belice, en una adorable carretera perfectamente llamada la "Carretera Colibrí". Legamos a media tarde, y nuestra primera impresión francamente no es la mejor. Este lugar es desértico y caluroso y por la temporada de sequía, el río que serpentea la propiedad ha desaparecido.

Nuestra necesidad de refrescarnos, nos lleva a un descubrimiento milagroso. Más o menos a una milla de nuestro hotel, un caminito lleva a un cenote, conocido como el "Hoyo Azul". Es probablemente uno de los lugares más bonitos que he visto, un agujero para nadar color turquesa rodeado de una espesa jungla.

Las comidas son comunitarias, y los cuartos van de chozas a lujosas suites en los árboles, los cuales están situados en una colina, y un árbol se encuentra en el centro. Elegimos la casa del árbol, mis hijos y yo queríamos presumir nuestra experiencia.

Las opciones para explorar, son numerosasa, los guías nos explican por la tarde que hay caminatas por la selva y viajes a las ruinas mayas, kayak y rapel.

Optamos por un tour a una cueva subterránea y pasamos el día en ductos internos, paseando por aguas obscuras y frescas que parecen recorres kilómetros y kilómetros con las linternas de mineros que llevamos. Es una experiencia surrealista.

Ya que nos levantamos desde temprano, decidimos ir a caminar, y el rio seco resultó un excelente sendero. Lo usamos como un camino imporvisado que lleva a la selva, Hay muchísima vida salvaje, incluyendo unas cacatuas con sus hermosas crestas rojas y amarillas, contrastando con sus pechos blancos.

El atardecer, los cocteles, los niños felices y los monos salvajes que pasean entre las copas de los árboles a sólo siete metros de distancia, además de unos tucanes por ahi, hacen este momento inolvidable.

Hay razones por las cuales preocuparse por Belice. Gracias al calentamiento global, algunos corales en el arrecife son blancos. Y un reciente descubrimiento de petróleo es preocupante porque pueden estropear la belleza de la tierra.

Belice aun se puede sentir como los lugares que describió Huxley, con encantos escondidos en cada rincón.


 





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