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Salva ecoturismo selva paranaense Andresito

El proyecto Cabure-í ha instruido a los vecinos como “intérpretes ambientales” que dan información a los visitantes mientras desarrollan actividades como caminatas, paseos en bicicleta y en canoa
Salva ecoturismo selva paranaense AndresitoSalva ecoturismo selva paranaense Andresito
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EFE
El Universal

Domingo 04 de febrero de 2007

Andresito, Misiones, Argentina.- La selva paranaense, que abarcó vastas extensiones del Cono Sur americano y se reduce actualmente a unas cuantas “islas” boscosas, sobrevive en Argentina gracias a un proyecto basado en la educación y el ecoturismo.

El proyecto, denominado Cabure-í, se desarrolla desde febrero del 2004 en Andresito, una pequeña localidad de la provincia de Misiones (1400 kilómetros al noreste de Buenos Aires) rodeada por la selva paranaense, también conocida como bosque atlántico del alto Paraná.

Con la asistencia técnica y aportes por 3 millones de dólares de la Agencia Japonesa de Cooperación Internacional (JICA), la Dirección de Parques Nacionales de Argentina, el Ministerio de Ecología de Misiones y el Municipio de Andresito han dado una formación especial a los habitantes de la localidad para valorar la flora y la fauna autóctonas.

La asistencia económica concluyó estos días y ahora el desafío ha quedado en manos de la comunidad local.

El proyecto, que debe su nombre a una lechuza de la región, pretende lograr una convivencia armónica entre los 22 mil habitantes del lugar y la selva, el ambiente de mayor diversidad biológica de Argentina.

Hace poco menos de un siglo la selva paranaense cubría unos 100 millones de hectáreas de Brasil, Paraguay y Argentina.

Actualmente apenas quedan 5.8 millones de hectáreas, gran parte de ellas en Misiones, provincia que creó una serie de áreas protegidas, públicas y privadas, integradas en un “corredor verde”.

“El corredor abarca 1.3 millones de hectáreas y, además de los parques y reservas naturales protegidas por el Estado, se dan incentivos a los privados para que no avancen aún más sobre la selva”, explicó Hugo Cámara, representante en el proyecto del Ministerio de Ecología de Misiones.

Que la selva se redujera tan drásticamente tuvo mucho que ver con la expansión desordenada de actividades económicas como la agricultura y la explotación forestal.

El paisaje de Andresito es un ondulante mosaico de fincas de producción de yerba mate, té y tabaco, y manchas de selva, una fragmentación que rompe la conexión necesaria para el intercambio genético y la reproducción de las especies.

“Esto tuvo que ver con el origen de Andresito, que se fundó en 1980 para colonizar la frontera con Brasil, obligando a los primeros pobladores a actividades económicas que implicaron una fuerte deforestación”, explicó el secretario de Turismo de la localidad, Marcelo Aap.

En este sentido, Hugo Cháves, guardabosques del Parque Nacional Iguazú, indicó que parte del plan Cabure-í tuvo que ver con cambiar esa mentalidad y “demostrarle a la gente que se puede vivir a partir de la naturaleza, sin dañarla”.

Buscando en el ecoturismo una alternativa, se ha instruido a los vecinos como “intérpretes ambientales” que dan información a los visitantes mientras desarrollan actividades como caminatas, paseos en bicicleta y en canoa.

La “vidriera” del proyecto es el Ecolodge, un albergue que brinda una experiencia cercana sobre cómo es la vida en la selva, con sus ruidos misteriosos, sus verdes intensos y la tierra en rojo furioso.

Desde el Ecolodge, administrado por una cooperativa de lugareños, se puede explorar el exuberante ambiente selvático.

Muy cerca están los parques provinciales Yacuy y Urugua-í y el Parque Nacional Iguazú, que a tan sólo 60 kilómetros de Andresito guarda el imponente tesoro de las Cataratas del Iguazú, considerada como una de las maravillas naturales del mundo.

“Casi el 1 por ciento del millón de turistas que visita cada año Cataratas viene a Andresito. No se trata de un turismo masivo, sino de una propuesta alternativa para quienes gustan del verdadero contacto con la naturaleza”, señaló Aap.

De hecho, sus espesos senderos, lejos del bullicio de las pasarelas de las Cataratas, son más propicios para apreciar los sonidos de la selva y ver algún que otro rastro animal.

Otro de los puntos interesantes de la zona es la comunidad aborigen guaraní Kaaguy-Porá, que en lengua nativa significa monte lindo.

Se trata de una veintena de familias que vive de las artesanías que ellas mismas fabrican con madera y semillas del lugar.

La visita es una oportunidad imperdible para acercarse a una cultura que desde hace siglos vive en contacto directo con la naturaleza.

En tanto, las actividades agrícolas que antes competían con la selva por un espacio de tierra, ahora se han convertido en un atractivo más para los visitantes, que pueden aprender las costumbres rurales de la zona.

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